
Octaevo es una marca de diseño con sede en Barcelona inspirada en la cultura, los colores y los mitos del Mediterráneo. Crea objetos contemporáneos con significado, donde el diseño refleja la personalidad y el cuidado por los detalles. Fundada por Marcel Baer, la marca nace de recuerdos familiares ligados al mar y a los viajes mediterráneos. La marca combina artesanía y tecnología, y mantiene un fuerte compromiso con la sostenibilidad y la creación de piezas pensadas para durar.
En un local industrial de 300 m², ubicado en el barrio de Poblenou en Barcelona, se desarrolla Casa Octaevo: un espacio que funciona como oficinas de la marca, pero que, como su nombre indica, se concibe y se vive como una casa. La distribución se articula en torno a la cocina como corazón del proyecto, acompañada por un gran comedor que simboliza el encuentro y la vida compartida.


La arquitectura se expresa a través de volúmenes curvos que aportan sensibilidad y coherencia con la identidad de la marca, combinados con materiales elegantes y una gran pared de pavés que permite que la luz natural se filtre y bañe todos los espacios.

La casa se articula a través de diferentes ambientes que dialogan entre sí de manera fluida. Separada de la gran cocina por cortinas, se encuentra la zona principal de trabajo, definida por amplios ventanales y dos grandes mesas pensadas para el trabajo colectivo. Detrás de los volúmenes curvos se esconden las salas de reuniones, que prolongan la sobriedad y la sensibilidad del conjunto mediante el uso de materiales contenidos y curvas verticales.


Al fondo, tras la pared de pavés, se abre un amplio espacio de taller, donde la luz natural se filtra de forma sutil y se combina con cortinas, creando una atmósfera propicia para la inspiración y el proceso creativo.
El corazón de la casa es el espacio que invita al encuentro y define la identidad del proyecto. Una isla escultórica de acero inoxidable, de líneas curvas y detalles sutiles, se presenta con una elegancia silenciosa, en contraste con una gran pared de ladrillos de vidrio que permite el paso de la luz natural mientras preserva la intimidad entre el open space y el taller donde la marca crea sus productos. En esta zona abierta, se encuentra una gran mesa de obra, de más de cinco metros de largo, elevada sobre dos apoyos de curvas suaves que evocan las formas del Mediterráneo, y refuerza la idea de convivencia, invitando al usuario a sentarse en las sillas Stedelijk de Sabine Marcelis (bd), que dialogan con los colores y la geometría del espacio.


Al otro lado de una línea de cortinas se abre la zona de trabajo, un espacio sereno que se concibe para la concentración y el confort. Predominan colores claros, y la biblioteca, en tonalidades igualmente serenas, sirve de fondo para resaltar los objetos de la propia marca, que aportan carácter y personalidad. Las curvas de las paredes, junto con sus texturas inspiradas en los paisajes y materiales del Mediterráneo, generan un entorno acogedor y fácil de habitar, donde se percibe la sensación de estar en casa mientras se trabaja.


Las salas de reuniones se ubican detrás de los muros curvos, con puertas de vidrio y amplias mesas que cumplen su función. Son los únicos espacios cerrados de las oficinas, donde se conserva la sensibilidad presente en toda la casa a través de pequeños detalles. La combinación de la lámpara roja Luminator de Flos, la calidez de la madera de las sillas (Frama), los objetos de Octaevo y piezas de diseño vintage de Fenix Originals, crea un ambiente luminoso, acogedor e inspirador.


El taller de trabajo se sitúa detrás del muro de pavés, resguardando sus creaciones mientras recibe abundante luz natural. Este espacio articula la entrada secundaria, el almacén y el corazón del proyecto, funcionando no solo como área de trabajo, sino también como un lugar de shootings o actividades polivalentes, cuya flexibilidad y carácter se acentúan gracias a las cortinas curvas que permiten adaptar el ambiente a cada necesidad.

AUTOR
ISERN SERRA
TEAM LEADER
VICTORIA IRIGOYEN
FOTOGRAFÍA
SALVA LÓPEZ

